Marijose Recalde. Catálogo de la exposición en PDF

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No te pierdas el blog de la artista en http://marijoserecalde.wordpress.com/

MARIJOSE Recalde necesita espacio para crear. Para habitar en el arte que surge de su cabeza, de sus manos y de sus vivencias y maneras de sentir. Le gustan los grandes formatos, y por eso siempre ha vivido en una casa grande de pueblo, primero en Dicastillo y luego -ahora- en Eraul. La casa, en su caso, es más que un hogar donde estar: “es motor” de actividad constante y creativa, “pero también puede ser una trampa -reconoce la artista-, en cuanto a que te atrapa y no te deja salir”. Aunque contemplando el universo de Recalde, a uno no le importaría exiliarse un tiempo en él.

(Fuente Diario de Noticias)

Quien sienta curiosidad por acercarse a ese hogar de arte y de vida, puede hacerlo hasta el 20 de enero en la Sala de Armas de la Ciudadela. Allí, en la planta baja, la artista pamplonesa habita el espacio con una muestra de su trabajo de los últimos cuatro años que aúna originales esculturas a tamaño natural, pinturas, collages y xilografías. La casa, por un lado (en las obras de pared), y la figura humana y los perros (en las piezas escultóricas) son protagonistas de estas creaciones vitalistas. Tienen mucho de juego, aunque también hay hueco para ese lado inevitable de la vida, amargo pero del que también se aprende y con el que se crece, que es la enfermedad y la muerte, presente en la obra Perro sanador (se exhibe en un espacio aparte): “Surge de una enfermedad que ha sufrido mi hermana en estos años. Al final las obras son un poco autobiográficas, resultado de quien soy, de lo que vivo y de lo que me rodea”, cuenta Recalde.

La obra que da título a la exposición es un grabado de 2006 que Marijose Recalde creó en un curso de xilografía en Almería y que puede contemplarse aquí junto a coloridas pinturas y collages -los más recientes creados a base de telas cortadas y cosidas luego a máquina- en los que la casa también es protagonista. En unos casos, habitada por sus propios dueños, Marijose y Juan, también artista, que aparecen representados en distintas actitudes -pintando, creando escultura, descansando, leyendo…-; y en otros casos habitada por las esculturas que han cobrado vida allí mismo, en el hogar.

Pero la parte más llamativa de la exposición son las esculturas a tamaño natural: figuras humanas con perros que pueblan el espacio relacionándose entre sí y con el espectador desde muy diversas actitudes. El perro, motivo recurrente en la obra de Marijose Recalde, pone “el contrapunto” a unas figuras verticales y estilizadas que componen un alegato a la vida como experimentación. Así la concibe Recalde, que en cuanto se “cansa física y mentalmente” de un material, no duda en jugar con otro. De hecho, suele estar creando casi siempre varias esculturas a la vez: “Me gusta probar materiales. Si hago una escultura trenzando una tela y la trenzo una y otra vez y ya sé el resultado de ese proceso, pues para mí no tiene emoción. Así que empiezo otra obra, y así puedo relajarme. Eso me obliga a tener que acabar la anterior…, y así la cadena continúa y siempre tienes cosas que hacer”, cuenta la artista.

El perro está aquí por el “interés plástico” que genera en la autora, y porque en nuestra cultura es “el animal más cercano, accesible y coloquial”. “Si viviera en África probablemente pintaría jirafas o tendría buena relación con las cebras”, dice Marijose Recalde en el catálogo editado con motivo de la exposición. Recuerda que una vez, de niña, llegó a casa llorando porque quería quedarse con un perro que encontró abandonado. “Mis esculturas suelen ir acompañadas de perros porque yo de mayor quiero seguir siendo niña”, reflexiona. Esos perros que se relacionan a su vez con las esculturas humanas, también despiertan en el visitante la emoción, la sorpresa y la curiosidad del niño que todos fuimos y que, en mayor o menor medida, llevamos dentro.

Las esculturas de La Casa Grande están trabajadas en muy diversos materiales, desde hierro o cemento cotegran -en las piezas creadas para estar al aire libre- a puzzles y adobe, y enriquecidas además en ese proceso creativo con objetos encontrados o conservados por la propia artista. “El hierro no es un hierro comprado sin más en la fábrica o en la tienda, sino un somier vuelto del revés, o los aros de las cubas de vino…”, explica Recalde, quien también ha utilizado para algunas piezas dos bicicletas antiguas y cazuelas de las que antaño se empleaban para guisar. “Ya no es solo por la idea de reciclar y reutilizar, algo que he practicado siempre en todos los aspectos de mi vida, sino también por el gusto de acumular objetos bellos, objetos antiguos que ya han tenido un valor en el pasado y que aquí se dignifican porque pueden seguir viviendo”, comenta la artista, quien también incluye en la exposición un vídeo que documenta procesos de creación de sus esculturas.

“La vida es como una espiral, vas pasando muchas veces por el mismo sitio, notas que los temas se repiten, aunque de distinta manera, porque tú cambias, avanzas, evolucionas”, sostiene Marijose Recalde, quien ve en esta exposición “un círculo que se cierra, porque las esculturas ya se han fundido con las pinturas”. “Puede ser un punto de inflexión para a partir de aquí salir con algo diferente y nuevo”, apunta.

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